
Hoy vienen los reyes magos hoy vienen los reyes magos...
Pozí señores, hoy vienen los reyes magos. Estos tres simpáticos hombres con barbas se pasarán toda la noche en vela para traer regalos, ilusión y felicidad a las vidas de todos.
Y una mierda.
No me voy a meter en el tema de la pobreza en el mundo ni me voy a poner a hablar de toda la gente que no recibirá regalos esta noche. Lo siento, pero es un tema muy típico y no tengo nada nuevo que aportar.
Voy a otro un poquito diferente, acerca de los que si tienen regalos. Ahora que lo pienso, es también bastante típico, pero que le den, me apetece hablar de ello así que si considerais que me contradigo, pues ajo y agua.
Y es que en estas fechas navideñas, se ofrece una oportunidad maravillosa de observar los comportamientos del "homo consumistis", todo el mundo compite por ser el miembro de la familia que haga el regalo más caro y más ostentoso, y a la hora de hablar de gastos, las conversaciones tienden al "yo me he gastado más" y oscilan entre el "pues no se que haré con mi vida en la cuesta de enero" y el "ah, no, yo no tengo problemas de dinero, ando sobrado".
Claro que esto no es una regla universal, pero la inmensa mayoría de la gente tiene a ello. Porque llegan estas fechas, y nos vemos en la OBLIGACIÓN de regalarle algo a los demás.
Ahí es donde está el asunto de la cosa de la cuestión, ahí es donde falla todo.
En la obligación. Hoy en día los regalos de navidad se hacen por obligación, no por la necesidad de demostrarle a alguien que es importante para ti, sino porque todo el mundo lo hace y quedas mal si no regalas algo.
Y por supuesto, el valor del regalo, se mide en euros. A más dinero invertido en el regalo, más valor tiene. Así de simple.
La gente se ha olvidado del valor sentimental de aquel objeto que alguien llevaba siempre encima y te regaló de repente, de forma espontánea, de la foto firmada en la que apareces con tu amigo, de la carta en la que te cuenta sus sentimientos, del objeto que te recuerda un momento concreto con alguien...
Llega la navidad y de repente le haces un regalo a todas tus personas cercanas, quieras o no, te lleves bien con ellas o mal, simplemente te gastas el dinero.
Y por supuesto, a menudo te encuentras con que no sabes que regalarle a cierta persona porque apenas la ves dos o tres veces al año o porque aunque la ves a menudo, en realidad no sabes nada de ella.
Entonces le regalas cualquier cosa, lo que sea, así un poco carillo y ya está, probablemente no le guste, sea un regalo estúpido o cualquier otra cosa, pero tu has cumplido soltando la pasta, que es lo que importa.
Y por supuesto, a la inversa también funciona. Te regalarán un montón de cosas inútiles, que no vas a usar, o que no te gustan, por la sencilla razón de que quien te hizo el regalo no te conoce. Entonces te las quedarás mirando y dirás: "Que bonito... me gusta un montón..." Para quedar bien, porque no tienes confianza suficiente con esa persona para decirle que su regalo no te gusta, y tampoco encuentras ningún valor sentimental en él, que te haga apreciarlo.
Así pasan estas memorables fechas, entre hipocresía social, poniendole buena cara a todo el mundo, intentando desesperamente quedar con gente que no has visto en todo el año, salvar amistades que olvidaste a lo largo de los pasados doce meses e intentar recordar el nombre de ese primo tercero por parte de madre del que no sabes nada pero al que le tienes que esribir una postal fingiendo que te importa muchísimo su felicidad para el año que viene.
Personalmente, paso estas fechas como puedo. Hago mis regalos, como todo el mundo, y me como el coco pensando que les puede gustar a mis seres queridos más cercanos. Por supuesto que no me libro de las convenciones sociales, pongo buena cara a los regalos que no me gustan y me han hecho por quedar bien y a veces caigo en la trampa de pensar en el valor de lo que regalo por su etiqueta. No es facil evitar todo esto estando tán ahondado como está en nuestras mentes. Pero bueno, una hace lo que puede.
De momento este año tengo un par de regalos extras a medias. Se que cuando los entregue, sus destinatarios me darán un gran abrazo, y tal vez incluso se le salten las lágrimas. Eso es suficiente para mí.
Y no me pienso gastar ni un euro en ellos.