Me encuentro sentado en mi sofá, justo enfrente de la chimenea. Aun quedan algunos rescoldos indicando que el fuego a estado encendido hasta hace poco. Empiezo a quedarme dormido, y la copa de brandy se me cae de la mano, rompiéndose en mil pedazos.
A media noche me despierto por una corriente de aire helado, pero todas las ventanas están cerradas, al menos eso creo, las cerré después de cenar. Me incorporo para comprobar que están todas cerradas. Tras hacerlo me subo al dormitorio, con ciertos problemas, ya que me tengo que aferrar a la barandilla de la escalera para no tropezar, el brandy y el sueño hacen que me tambalee. Cuando llego al dormitorio, veo que la puerta del balcón está abierta de par en par, puede ser que el aire entrara por aquí. La cierro y me aseguro de cerrarla correctamente. Tambien cierro las cortinas para que el sol de la mañana no me despierte, ya que seguramente tendre dolor de cabeza.
Me despojo de mi ropa y me meto en la cama, cierro mis ojos y de nuevo,! esa sensación…..! noto como mi cuerpo quiere flotar sin mi permiso. Me aferro a la colcha sin querer abrir los ojos por si no es una sensación y estoy levitando realmente. ¡Dios mio no me gusta esto!. Abro mis ojos y siento el peso de mi cuerpo como si cayera, aaaaaah, mi estomago se contrae como si en una montaña rusa estuviera subido. Me incorporo jadeante e intento tranquilizarme, mi corazón se me sale del pecho noto sus pulsaciones en mi garganta mis ojos intentan ver donde estoy pero, ¡esta todo tan oscuro!
Me levanto y enciendo el candil de mi mesita, recorro la habitación con inquietud intentando explicarme lo que me acaba de suceder, de repente las cortinas me dan en la espalda y una ráfaga de aire frío recorre mi cuerpo, me giro hacia los ventanales pero siguen cerrados.
Mi soledad me esta volviendo loco.
Decido bajar al salón y encender de nuevo el fuego, me siento en mi butaca y enciendo un pitillo, intento escuchar el crujir del fuego pero solo escucho mi soledad.
Mis recuerdos me aturden y me deprimen cada vez más, mis ojos se entornan con el calor del fuego, mis ojos se nublan con las lagrimas que brotan de ellos por su recuerdo, y me pregunto una y otra vez, ¿Dónde estas Sofie? .Miro encima de la chimenea y ahí esta ella, con su pelo rizado color caoba, sus ojos como esmeraldas y su piel de terciopelo, en el cuello lleva su gargantilla de rubíes, que realzan el color de sus labios carmesí. Tan solo es un retrato, pero me evoca los mismos sentimientos de amor que profese y profeso por ella, aunque hace años que la dama negra me la arrebato de mis brazos.
Sus ojos verdes brillan con la luz del fuego, le dan una vida que me aturde, me hipnotizan y al mismo tiempo me hiela la sangre, me invade una sensación de alegría como hace mucho tiempo que no sentía, noto sus manos en mi cara, su aroma a violetas, oigo su risa y su voz dulce como la miel nombrándome, su respiración en mi pecho, sus labios carnosos en mi cuello, !Dios mío esta a mi lado!
Mi pulso se acelera como ella solo lograba hacer.
Un sudor frio me recorre la espalda, las imágenes empiezan ha desaparecer, el miedo me invade no quiero despertar y sentirme solo:
-¡Sofie no me dejes otra vez!
-Yo nunca te he abandonado amor mío
Las palabras se hacen cada vez mas lejanas, y casi no puedo entender lo que me dice, de pronto, sobresaltado, me despierto enfrente de la chimenea, me había quedado dormido mirando su retrato. Vuelvo a estar solo en la oscuridad del salón, todo había terminado solo había sido un mero sueño, un fugaz recuerdo plasmado en mi memoria.
Me levanto y subo las escaleras hacia mis aposentos, el sol empieza asomar sus primeras luces, ¡debo descansar!
abro la chiriante puerta y entro en mi habitación mirando al suelo, me dirijo hacia mi lado de la cama, decepcionado y absorto en mis pensamientos me tumbo mirando al techo pensando y asimilando lo que me habia ocurrido, pero no mas aya de mi asombro noto una respiracion alterada a mi lado.
-¿Qué esta ocurriendo? !Ella esta a mi lado!
¡No es posible!, lo veo y no lo creo, intento abrazarla, (NO PUEDO).
Ella se levanta de la cama y abre las cortinas, la llamo, pero ella no me responde, es como si no me escuchara. Corro hacia ella gritando su nombre e intento por todos los medios abrazarla, pero es como si intentara abrazar una columna de humo que se esfuma entre mis brazos. Cada vez entiendo menos la situación.
Ella se arregla con un gran vestido negro, ¡no lo entiendo! Ese color no le gusta.
La noto afligida, ausente y fría, no se a pintado sus hermosos labios, y eso que era muy coqueta, le gustaba ir siempre arreglada y bella para mi.
Baja las escaleras, y yo la sigo de creca. Sale al jardin y recoge las primeras rosas que brotaron tras el invierno, no era de extrañar, ya que ella siempre decoraba la casa con ellas, eran sus favoritas. Veo que no se dirige al interior de la casa para colocarlas en algun jarrón, si no que sigue el camino de piedra hacia el roble en el que tallamos nuestros nombres…
La veo arrodillada ante él y me parece oir sus llantos.
-¿a quien lloras Sofie?-le grito
Me quedo estupefacto al acercarme a su lado, y ver que se haya arrodillada frente una lapida, ¡es imposible! El nombre que aparece en ella es el mio…
Ahora entiendo mi soledad y la oscuridad que me invade, sufria por ella al no tenerla a mi lado, pero era yo el que dejó de estar a su lado.
Limpie sus lagrimas y le susurre al oido:
-Tranquila mi amor, nunca dejaré de estar a tu lado.
En ese momento su cara se lleno de felicidad, sentia mi presencia junto ha ella, y los dos comprendimos que ya nunca mas estaríamos solos.

“la soledad la sentimos todos, los que nos vamos y los que nos quedamos”
By Saúl, con la colaboracion de Elizabeth.
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